CARACAS
Hoy es uno de esos días que me acuesto a dormir pensando lo temprano que me tengo que levantar, pero que si no escribo algo, no lograré conciliar el sueño.
El día de hoy tuvo un buen cierre, pero un entretiempo nublado, confío en que los buenos días son así, porque desde pequeña yo misma me he hecho creer que para que algo bueno ocurra, antes debe haber algo malo. Y es una terrible manera de pensar, pero de cierto modo me hace siempre estar a la expectativa de que algo está viniendo y me encuentro con la vida, para variar, sorprendiéndome.
Me sentí viva, caminé tanto que mis pies tiemblan aún y a los lugares a los que llegué me trajeron una profunda felicidad. En el momento no lo vi de esa manera, pero ahora que descanso, veo todo más lindo.
Hoy escuché a alguien hablar de la ciudad en la que vivo, con un amor que ni siquiera puedo estar cerca de sentir por algo o alguien. Y me tomo el atrevimiento, como ciudadana de este país y esta ciudad enorme, a dar mi opinión sobre como sueño a Caracas:
Primero que nada a Caracas me la imagino verde, siempre tiendo a relacionar todo con colores y aquí el significado es simple: "el ávila", después la veo azúl como su cielo siempre claro y luego gris, por todas sus infraestructuras.
Siempre he soñado a Caracas como un lugar al cual puedo salir a jugar en la calle de en frente, la quiero como cuando de pequeña salía a lanzar fuegos artificiales con mi papá todos los 31 de diciembre. Luego poco a poco tuve que ir encerrándome, hasta que terminé sólo prendiendo luces de bengala en el balcón de mi casa.
Sueño a Caracas de noche, en un subterráneo o metro como le decimos acá, en zapatos altos y boca colorada.
Sueño a Caracas musical, pintoresca, con gente en las plazas, corriendo, tomando un helado o comiendo un algodón de azúcar, saxofonistas en las calles, pintores haciendo arte y gente deliciosa, diciéndote lo linda que estás hoy de una manera amable y respetuosa.
Sueño a Caracas con las bocinas de las bicicletas al cruzar las calles para dar alerta, mucha gente caminando sin prisa, tomándose el tiempo de ver a su alrededor y sentir la paz que la ciudad puede darte.
Sueño a Caracas sin perros en las calles, alimentando ardillas y aves en las plazas, muchos teatros en las avenidas principales, a la vista del público, no en los centros comerciales, con mimos, magos, bares underground, ferias de ropa vieja y comida de otros países.
Sueño a Caracas como el lugar de mis eternas vacaciones, mi eterno verano, porque a pesar de que las temperaturas estén bajas en la ciudad, el sol de las 12m es el mismo de siempre, ese que me quema la piel y me acompaña de vuelta de clases.
Sueño a Caracas caminandola a las 3am sin miedo alguno, disfrutando de la Plaza Venezuela y el Obelisco de la Plaza Altamira en el pleno apogeo de la noche.
Sueño a Caracas con luces nocturnas que iluminen el caminar, música de fondo y amigos.
Sueño a Caracas como ese autocine que mis papás me solían contar, donde pasaban las películas del momento y estabas a salvo dentro de tu auto.
Sueño a Caracas como la casa de Bolívar en el Centro de la ciudad, llena de un contenido histórico impresionante que pueda dejar a mis hijos estupefactos. Historia de la buena, la inspiradora.
Sueño a Caracas con cielos azules y noches estrelladas, sueño amarla hasta morir.
Te sueño Caracas, no creas que no.


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