Mi obra de arte perfecta.
El cuerpo que habito es transitorio y en él encuentro mi hogar, le doy cabida a mi alma y la dejo ser en su mayor expresión. Lo amo, físicamente es lo único que es enteramente mío, no le pertenece a nadie y puedo hacer lo que desee con él. Debo cuidarlo, alimentarlo, hacerlo fuerte, soy un huésped y como a todo inquilino debo intentar molestar lo menos posible.
Mi cuerpo es mi universo, es lo único que conozco a fondo, sé lo que le gusta, sé lo que no, sé lo que le hace bien y lo que le hace mal, sé cuando debe descansar y cuando tiene una energía exorbitante, en fin, es lo que me representa. No sé porqué me tocó ser rubia, ni tampoco porqué tengo los ojos claros, fueron cosas fortuitas, que agradezco aunque no sé si debería.
Mi cuerpo es mi vida y mi templo, de él vendrá seguramente el regalo más grande, la existencia. Es tan increíble lo que podemos llegar a hacer, siempre preocupándonos de forjar una carrera, tener un estatus social y económico para sorprender al resto, cuando simplemente viviendo y dando vida propia al mundo, somos sorprendentes. Esta es una de las tantas cosas que son gratis en la vida y son las que llenan el espíritu de las mejores energías.
Mi cuerpo me da movilidad, me permite conocer rincones totalmente ajenos, me permite experimentar adrenalina, tranquilidad, placer, es tan bueno conmigo y yo soy tan dura con él la mayoría del tiempo, hace tantas cosas por mi que ni me fijo, qué clase obra de arte la que me gané.

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